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Fútbol

El Copa de América

Independiente en su clásico saludo

Los “chorizos negros” de Pelé, las multas del PF, las concentraciones en hoteles alojamiento, los viajes a la cancha en micros escolares… A 55 años de la obtención de la Libertadores de 1965, Santoro, Acevedo y Guzmán cuentan grandes anécdotas de la mística roja.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál fue el momento preciso y el lugar exacto en el que nació la mística copera que representa el sello más distintivo de la identidad de Independiente. Algunos creen que fue el 15 de julio de 1964 en un Maracaná colmado por 100.000 brasileños, cuando el Rojo visitó al Santos de Pelé por las semifinales de la Libertadores, caía por 2-0 y faltando cinco minutos lo ganó 3-2. Otros creen que fue el 12 de agosto de ese mismo año, cuando el equipo de Avellaneda se impuso a Nacional de Montevideo por 1-0 y levantó por primera vez la copa más importante de América. Y hay quienes están convencidos de que en realidad el Rey de Copas empezó a probar el trono hace exactamente 55 años: el 15 de abril de 1965, en el estadio Nacional de Santiago de Chile. Esa fecha quedó grabada a fuego en las páginas doradas de la historia del club porque Independiente​ venció a Peñarol por 4-1 en el partido desempate, levantó la Libertadores por segunda vez consecutiva y confirmó que lo demostrado un año antes no había sido casualidad.


La confiabilidad de los guantes de Santoro. Un fondo firme sostenido por estandartes como el recio y a las vez tiempista Hacha Brava Navarro y Raúl Decaria. Un medio con el gambeteador Osvaldo Mura, el equilibrio de David Acevedo, la profundidad de Raúl Savoy por izquierda y la magia del inolvidable Raúl Emilio Bernao. Independiente conjugó pierna fuerte y templada, tal como reza su himno, con paladar negro. Esa fue la alquimia, la receta con la que se conquistaron los 18 títulos internacionales que el club ganó desde la creación de la Conmebol.

Pérez en contra, Bernao, Avallay y Mura marcaron los goles de esa final ante el duro Peñarol, que fue bicampeón de América entre 1960 y 1961. Antes de ese encuentro desempate, el Rojo, que en las semifinales había dejado en el camino a Boca, había ganado 1-0 de local ante el Manya y luego perdió por 3-1 en Montevideo. “En el estadio Centenario los uruguayos te recibían con un grupo de boxeadores en la puerta del vestuario. Ahí tenías que pelear para salvar tu vida. Después, una vez que entrabas te cortaban la luz y el agua y golpeaban las puertas para tratar de meterse. Y también te tiraban bombas de estruendo adentro del vestuario por las ventanas”, recuerda Pepé Santoro, quien se encuentra varado en España por el coronavirus luego de haber viajado para un homenaje que le realizó el Hércules, equipo en el que atajó en el tramo final de su carrera.


Sólo siete integrantes de ese plantel siguen con vida
: Santoro, Juan Carlos Guzmán, David Acevedo, Raúl Decaria, Osvaldo Mura, Roque Avallay y Ricardo Pavoni, quien disputó algunos partidos de titular.

“Ese fue uno de los equipos más equilibrados que vi. Metíamos un gol y a cobrar. Gracias a Navarro logramos tener una amistad con Pelé. El Negro venía a comer asados con nosotros debajo de la tribuna de la Doble Visera cada vez que venía al país. ‘Compren chorizos negros’, nos decía. Se había vuelto loco por el asado y le encantaba llevarse morcillas en una heladerita a Brasil”, recuerda Santoro. “Pasábamos más tiempos concentrados que con nuestras familias. Eso sí que era una cuarentena. Vivíamos encerrados en una quinta en medio de la nada en Ezeiza. A la noche salíamos a pescar ranas y con eso nos divertíamos. Ni televisión teníamos. El técnico, el Colorado Giudice, nos tenía presos. Y el preparador físico, González García, nos mataba”, rememora Acevedo. “En la semana trabajábamos en la quinta y las concentraciones previas a los partidos eran en un hotel alojamiento en San Vicente, no sabés las cosas que escuchábamos a la noche. Íbamos a la cancha en un micro escolar”, cuenta Santoro. Y sigue buceando en su memoria: “Bernao era imparable. En la cancha prendían y apagaban las luces cada vez que encaraba”.
Todos coinciden en que el preparador físico, González García, fue fundamental. “Nosotros volábamos en la cancha gracias a él. Si veía que te guardabas algo en las prácticas te cobraba multas y con esa plata les compraba regalos a nuestras esposa”, explica Guzmán. El Profe fue además quien inventó el saludo emblemático de Independiente que luego reinstauró Holan. Fue en 1963, después de la consagración del Rojo en el torneo. El Profe impuso reglas de convivencia en los entrenamientos y cada vez que alguno cometía alguna falta les cobraba multas. “Empezaron a recaudar mucho y todos nos preguntábamos a dónde iba a parar esa plata. Nadie lo sabía. Una noche, el club organizó una gran fiesta en el salón del Automóvil Club Argentino. Fuimos todos con nuestras esposas. En medio del evento, González García nos regaló unos anillos de oro con el símbolo olímpico y la letra I, de Invencibles. En ese momento supimos a dónde había sido destinado el monto que habían juntado. Ese mismo día, en medio del salón, nos explicó cómo iba a ser el saludo que íbamos a tener que realizar en cada encuentro. Y comenzamos a ensayarlo”, relató Santoro. ¿Qué significado tiene cada movimiento. Pepé lo sabe mejor que nadie: “Exhibíamos las palmas de las manos para demostrar que las teníamos limpias, que íbamos a jugar con hidalguía y caballerosidad, que teníamos valores. Encarábamos en hilera, yendo de frente, con la intención de mostrar grandeza. Y levantábamos los brazos para convencernos y juramentarnos que íbamos a ser vencedores. Nos sentíamos invencibles”.


La Libertadores de 1965 fue la confirmación de que la mística, ese valor impalpable que luego se transmitió de generación en generación, se había instalado en Avellaneda para vivir ahí por siempre. Podrá haber tiempos de sequía más o menos prolongados, pero la gloria cosechada en esos tiempos es eterna.

SÍNTESIS DEL PARTIDO DESEMPATE

INDEPENDIENTE (4): Miguel Santoro; Rubén Navarro, Raúl Decaria; Roberto Ferreiro, David Acevedo, Juan Carlos Guzmán; Raúl Bernao, V. De la Mata (hijo), Roque Avallay, Osvaldo Mura y Raúl Savoy. DT: Manuel Giudice.

PEÑAROL (1): L. Mazurkiewicz; Carlos Pérez, Luis Varela; Pablo Forlán, Néstor Goncalves, Omar Caetano; Ernesto Ledesma, Pedro Rocha, Miguel Reznik, Héctor Silva y Juan Joya. DT: Roque Máspoli.

GOLES:

PT 9’ C. Pérez (I) -e/c, 27’ R. Bernao (I), 33’ R. Avallay (I) y 45’ J. Joya (P). ST 37’ O. Mura.

CAMBIOS: Miguel Ángel Mori X V. de la Mata (I) y José Sasíá X M. Reznik. EXPULSADOS: PT 39’ R. Navarro (I) y E. Ledesma (P). ST 44’ J. Sasíá (P). ÁRBITRO: Arturo Yamassaki (Perú).

INCIDENCIA: A los 28’ del PT, Rocha remató desviado un penal para Peñarol.

CANCHA: Estadio Nacional de Santiago de Chile. PÚBLICO: 45.000. DETALLE: El Rojo ganó 1-0 la ida en Avellaneda y perdió 3-1 en Montevideo.

Por :Flavio Verona

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