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Efemérides

Efemérides del 23 de Noviembre

No se puede amar lo que no se conoce. Estas efemérides son parte de la brillante historia del Glorioso INDEPENDIENTE de Avellaneda.

1987Fallecimiento de Antonio Sastre, “El Cuila”, quien jugó en el club desde 1931 hasta 1942, un total de 360 partidos contabilizando todas las competencias (séptimo que más veces vistió la camiseta), y convirtiendo 121 goles, para de esa forma ser el tercer goleador histórico del club en el profesionalismo y el quinto si se toma la etapa amateur y profesional juntas. Se coronó campeón de Primera División en 1938 y 1939, las Copas Aldao 1938 y 1939, las Copas Ibarguren 1938 y 1939, y la Copa Adrián Escobar de 1939. A eso hay que sumarle más de una decena de títulos no oficiales de la época, y cinco subcampeonatos de Primera División a nivel local.

Una gloria absoluta, un ídolo notable, un futbolista de antología, sin dudas el jugador más emblemático de la primera década profesional del club, ya que Erico y De la Mata llegarían más tarde y se destacarían sobre el final de la misma. Justamente ellos tres, formarían el tridente ofensivo más letal de la historia del Fútbol Argentino, marcando época y quedando para la eternidad.

Trabajaba en una jabonería y luego jugaba con sus compañeros, hasta que lo vio un dirigente del club y lo invitó a probarse. Fue porque tenía la ilusión de conocer a los jugadores de Primera, sobre todo a su ídolo que era Manuel Seoane. Pero automáticamente quedó y con el plantel de Primera División, para empezar a jugar de titular y ser inamovible e incuestionable desde el primer hasta su último día en el club.

Debutó en junio de 1931 frente Argentinos Juniors, al iniciarse el profesionalismo, y lo hizo como volante por la derecha, para luego empezar a trasladarse de puesto en puesto como jamás se había visto en el país. Es que Sastre no solamente que fue el primer polifuncional del profesionalismo, sino que llegó a ser considerado el más polifuncional que haya dado el fútbol nacional, siendo difícil encontrar comparaciones a nivel mundial. Jugó prácticamente en todos los puestos posibles del campo, y lo más importante, rindiendo de gran forma en todos. Su puesto original era entre ala izquierdo, pero jugó de delantero, volante central, volante derecho e izquierdo, marcador de punta, son algunos de los puestos que ocupó, y créanlo o no, también fue al arco en dos partidos, contra San Lorenzo y contra Peñarol, sin recibir goles en ninguno de los dos encuentros.

Repasemos un poco sus primeros años en números de presencias y goles. En su primera temporada, la de 1931, jugó 25 partidos convirtiendo 5 goles. En 1932 disputa 34 de los 35 partidos del torneo marcando 9 goles, en lo que fue el primer subcampeonato de Independiente. En 1933 fueron 29 sus presencias con 9 goles, y en 1934 tiene su mejor año en cuanto a la ofensiva, porque juega 35 encuentros marcando 22 tantos para ser el máximo anotador del plantel que lograba un nuevo subcampeonato. En 1935 llega el tercer segundo puesto, ya con Arsenio Erico en el equipo, y Sastre estuvo en 30 fechas haciendo 14 goles. Para 1936 juega 21 encuentros con 4 goles, y en 1937 disputa 30 partidos anotando 8 veces, ya sumándose Vicente De la Mata al equipo y alcanzando el cuarto subcampeonato de la década.

Para 1938 ya estaban listos todos los engranajes, Independiente se convertiría en una máquina que marcaría el fútbol para siempre estableciendo records jamás igualados, y Antonio se sacaría la espina de la ausencia de títulos. Se logra la triple corona en dos años consecutivos, campeón del País, las Copas Ibarguren y las Copas Aldao. En 1938 “Cuila” juega 27 partidos del campeonato y convierte 2 goles, y en 1939 fueron 30 sus partidos y 16 las anotaciones, en un equipo donde toda la delantera convertía a gusto y antojo. En 1939 también se corona en la Copa Adrián Escobar, y entre fines de ese año y principios de 1940 el equipo realiza una gira por Brasil donde Sastre convierte 9 goles en 9 partidos, mostrando todo su fútbol al país vecino.

Todavía en Independiente, Sastre dejó 30 partidos con 9 goles en un nuevo subcampeonato en 1940, 25 encuentros con otros 9 goles en 1941, y en 1942 juega hasta la fecha 25 del torneo contra Boca, habiendo marcado 6 goles en lo que fue su último año en el club. Un líder total, manejaba los tiempos y el ritmo del equipo, generaba el juego, le daba la pausa, le metía gambeta y goles, y si hacía falta marcaba a los mejores del rival. Sastre podía y hacía todo, a fuerza de puro talento, pura voluntad, un todo jugador expresando amor puro por el fútbol.

Sus multifunciones estaban más allá del campo de juego, porque hasta 1937 trabajó en una panadería en el barrio de Flores, hasta que ya no pudo hacerlo a causa de que muchos fanáticos sabían el dato y con su idolatría convirtió a dicha panadería en un lugar de culto para los simpatizantes.

Para 1943 Sastre se va a jugar a Brasil, cuando dicho país aún no era la potencia en la que se convertiría poco tiempo después. Allí no fue a pasear, sino que hizo historia grande, porque jugó para San Pablo que lo pagó $30.000, un equipo que antes de su llegada ni se codeaba con los mejores y desde 1931 no era campeón. Pero con Sastre en el campo de juego ganó 3 títulos en 4 años, los Campeonatos Paulistas de 1943, 1945 y 1946 (éste último invicto), siendo subcampeón el restante.

El técnico que lo llevó, Vicente Feola, quien luego sería D.T. de Brasil en el Mundial de Suecia 1958, declaró sobre Sastre: “Nosotros teníamos un buen equipo, pero necesitábamos un jugador que equilibrase nuestro sistema táctico. Sastre vino e hizo eso. Un jugador que daba tranquilidad dentro de la cancha”. Y mucho más impactante aún fue el testimonio en 1967 del D.T.  Oswaldo Brandao, quien frente al legendario periodista de El Gráfico, Juvenal, no dudó en expresar: “Los argentinos quieren copiarnos a los brasileños, pero se olvidan de que un argentino vino a Brasil hace veinte años para enseñarnos el fútbol a nosotros. Se llamaba Antonio Sastre”. Y el último testimonio, por ahora, fue de César Luis Menotti que manifestó: “Sastre fue el mejor jugador que vi en mi vida. Era capaz de actuar en todos los puestos de un equipo, y la rompía en cualquier lugar de la cancha”. Un adelantado a su época, alguien que marcó un antes y un después para el fútbol, eso fue Sastre.

Fue el primer futbolista nacional en brillar y alcanzar la idolatría en Brasil, y clara muestra de ello, además de lo expuesto, es que en el Estadio Morumbi de San Pablo hay un busto en su honor. En total jugó 129 partidos para el San Pablo, marcando 58 goles y logrando los títulos mencionados, tomando la decisión de retirarse en 1946. Le hacen el partido despedida en Brasil y ese mismo día recibe la una oferta de Antonio Vespucio Liberti, presidente de River, que le ofrece jugar en su equipo por el número que él deseara, cosa que Antonio rechazó. Aun así una vez que llegó a la Argentina recibe la propuesta de su amigo y D.T. Roberto Sbarra, para jugar en Gimnasia y Esgrima La Plata en el ascenso, acepta y ese mismo año el equipo regresa a la Primera División, y ahí sí Sastre se retira definitivamente a los 36 años en 1947.

Obviamente, semejante monstruo del fútbol, vistió la camiseta de la Selección Nacional, y lo hizo desde 1933 hasta 1941, jugando 34 partidos con 6 goles. Jugó y ganó el Sudamericano de 1937, siendo clave y actuando como lateral derecho, anulando en la final el ataque izquierdo de Brasil. En dicho torneo coincidió en el campo con Vicente De la Mata, y fue Antonio quien le dio el apodo de “Capote” al crack que luego llegaría a Independiente. En 1941 vuelve a ser campeón del Sudamericano, pero esa vez fue volante por derecha, y marcó el gol del 1 a 0 para el triunfo sobre Uruguay.

Una vez retirado de la actividad no volvió a vincularse con el fútbol, y fue dueño de una empresa de seguros. Pero el fútbol volvió a tocarle la puerta cuando Independiente tuvo la sabia decisión de llevarlo junto al plantel a Brasil en 1974, cuando debía enfrentar al San Pablo por la final de la Copa Libertadores, y según los presentes aquel día, Sastre recibió una ovación estremecedora por parte del público brasilero que aún lo seguía amando e idolatrando, algo pocas o tal vez nunca visto para con un futbolista argentino.

En 1980 la Fundación Konex le entregó el Diploma al Mérito como uno de los mejores 5 futbolistas que haya dado el fútbol argentino, sí, leyeron bien, y los 4 restantes fueron Adolfo Pedernera, Alfredo Di Stéfano, Diego Maradona y el Charro Moreno. Por otra parte, la AFA lo incluye entre los 24 mejores futbolistas de la historia nacional en su salón de la fama, siendo Antonio uno de los 4 jugadores de Independiente en dicha lista (los demás son Ernesto Grillo, Ricardo Bochini y Jorge Burruchaga).

El “Cuila” debía su apodo a un animalito parecido al cuis e igual de escurridizo pero pensante, claramente en alusión a su juego. Una figura rutilante, trascendental del fútbol argentino y sudamericano, como expone el material, se hace difícil tomar dimensión de lo que significan ovaciones y monumentos a un futbolista argentino en Brasil, pero eso lo logró Sastre antes que nadie. Para el Rojo será siempre uno de los más grandes ídolos que haya tenido el club, y para nuestro país también rindió jugando en la Selección, siempre actuando donde le plazca al técnico de turno ponerlo, porque una buena definición para Sastre, es decir que fue un jugador total.

Un día como hoy el gigante Antonio muere a causa de un derrame cerebral cuando tenía 76 años. Juvenal escribió para El Gráfico siguiente una editorial al respecto, y sus palabras realmente erizan la piel, pero son fiel reflejo de la grandeza indescriptible de este monstruo del fútbol. Les dejo algunos extractos de aquellas palabras, y por favor, lean con atención: “Es una cita obligada, un mojón ineludible, un punto de referencia fundamental para saber que hoy el fútbol argentino es así porque existió alguien llamado Antonio Sastre. Para comprender que Independiente es como es porque alguien llamado Antonio Sastre le dio su estilo, su vocación y su filosofía futbolera. Sin gritos, sin gestos, sin dar nunca la sensación de que mandaba y ordenaba a todos sus compañeros. En el medio de esos dos extremos “inventó” el fútbol moderno. El polifuncional. El hombre de toda la cancha y todas las funciones. El antepasado ilustre de Alfredo Di Stéfano y Johan Cruyff. El creador del fútbol total en Argentina. Vale repetirlo porque siempre se dice que el nuestro es un fútbol con historia. Somos como somos, Independiente es como es, porque allá por los años treinta existió alguien llamado Antonio Sastre”.

Colaboración:  Hernán Paglieri-Vicepresidente Peña Roja Daniel BertoniSan Andrés de Giles

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