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Efemérides

Efemérides del 30 de Marzo

No se puede amar lo que no se conoce. Las efemérides cuentan la enorme historia del Glorioso INDEPENDIENTE de Avellaneda.

1915Nacimiento en Asunción, República del Paraguay, de Arsenio Pastor Erico Martínez. Y la pregunta es ¿Cómo hablar de él? Empecemos por mencionar sus apodos: El Saltarín Rojo, El Paraguayo de Oro, El Hombre de Mimbre, El Hombre de Goma, El Mago, El Duende Rojo, El Diablo Saltarín, El Rey Del Gol, El Hombre de Plástico, son sólo algunos de los que tuvo este hombre según las crónicas y testimonios.

Muchos dirán ¿Cuántos pueden hablar de Erico si nadie lo vio jugar? En parte es cierto, yo no lo vi. No sé si habrá alguien en mi ciudad que lo haya visto, mi tío-abuelo (que en paz descanse) fue el primero que me habló de Arsenio y sus habilidades, y fue en gran medida responsable de que hoy sea hincha del Rojo y fanático de Erico.

Es difícil que hoy en día quede gente con vida que lo haya visto jugar. Pero tantos otros sí lo vieron, y no sólo del Rojo, porque éste hombre hizo tantas maravillas que motivaba a hinchas de todos los clubes a asistir a Avellaneda solo por verlo, o a él y el trío magnifico que formó con Antonio Sastre y Vicente De la Mata. Lo vieron hinchas, lo vieron periodistas, lo vieron compañeros, lo vieron y sufrieron los rivales, lo vieron y hasta en sueños (pesadillas) todos los arqueros del país, y es tan así que lo vieron que es interminable la lectura de material sobre este animal descomunal del gol, porque Erico es el máximo goleador histórico del futbol argentino. Sí señores, Manuel “La Chancha” Seoane jugó en el Rojo y es el máximo goleador del amateurismo, mientras que Arsenio es el máximo anotador del profesionalismo.

Contabilizando todas las competencias, jugó 339 partidos (noveno jugador que más veces vistió la camiseta), marcando 304 goles. Pero si tomamos solamente a los torneos de Primera División, fueron 327 sus presencias con 295 goles oficiales (19 de ellos a Racing). Por muchísimos años le contabilizaron 293 anotaciones, y fue hace poquito que se pudo comprobar que le anotaron dos goles menos por darlos en contra cuando fueron de él. Aunque existan algunos que quieran forzar la idea de que Ángel Labruna lo empató, pero no fue así (mis respetos a Labruna), no hay de ninguna forma quien lo iguale o lo supere, y no lo existirá en el fútbol de hoy porque un superdotado así no podría jugar más que algunos meses en Argentina.

En 1932 cuando su país estaba en guerra, fue parte de una gira por Argentina con el objetivo de recaudar fondos para dicho conflicto. Fue ahí donde River e Independiente quedaron maravillados al verlo, y fueron los dirigentes del Rojo quienes astutamente se quedaron con él luego de pagar $12.000 y conseguir un permiso del Paraguay, porque Erico era menor. Debutó contra Boca en 1934 sin poder anotar pero dando una asistencia, y al segundo partido ya marcó por duplicado. Ese primer año hizo 12 goles en 21 partidos, ayudando a que el equipo sea subcampeón.

Al año siguiente nuevamente se lograría el segundo puesto, pero Erico superó tremendamente su producción haciendo 22 goles en tan solo 18 partidos jugados. En 1936 fueron 21 sus goles en 26 juegos y para 1937 llegaría su explosión personal a un nivel incomparable. Fue goleador del campeonato sacándole 15 goles de diferencia al segundo, fueron 48 sus goles en 34 partidos (1,41 de promedio).Una verdadera monstruosidad que es record en la historia del país, pero el equipo repetía el subcampeonato y la espina seguía clavada.

En 1938 Independiente sale campeón por primera vez en el profesionalismo, pero no fue un campeón cualquiera. Ese extraordinario y letal equipo como ninguno, marcó época y fue record absoluto en ofensiva, con sus 115 goles en 32 partidos (un promedio de gol de 3.59 por encuentro). Para que se den una idea ni el Barcelona ni el Real Madrid actual pudieron superar ese promedio en ningún año, ni ningún otro equipo en la historia. En ese torneo Erico juega 30 partidos y marca 43 goles, aclarando que en la última fecha no quiso hacer más goles ya que la empresa de cigarrillos 43premiaba al delantero que llegara a esa suma, entonces al alcanzar los 43 tantos se dedicó a dar asistencias a sus compañeros en lugar de hacerlo él, sí, así de increíble pero real.

Al año siguiente la historia se repetiría aunque con números apenas más pequeños, el Rojo volvió a ser campeón pero esta vez con 104 goles en 34 partidos (nuevamente más de 3 goles por encuentro), y de esa cantidad Erico marcó 41 en sus 32 partidos, para ser por tercera vez consecutiva el goleador del país, y las tres veces superando el promedio de un gol por partido. Jamás ningún otro jugador de Independiente pudo lograr algo igual en el profesionalismo (Seoane fue tres veces máximo artillero en la etapa amateur, pero no de forma consecutiva). En ese aspecto, Diego Maradona y José Sanfilippo llegaron a ser 4 veces consecutivas goleadores, pero de ninguna manera con el promedio de gol de Arsenio. 

Sinceramente no encuentro el adjetivo calificativo que lo pueda explicar porque cualquier palabra quedaría pequeña. En aquellos años Arsenio formó con Antonio Sastre y Vicente De la Mata, el tridente de mayor poderío ofensivo que se haya visto en la historia argentina, hicieron más goles que nadie, con mejor promedio que ningún otro equipo. A los dos primeros títulos profesionales hay que agregarle al paraguayo ser campeón de las Copas Aldao 1938 y 1939, las Copas Ibarguren de esos mismos dos años y la Copa Adrián Escobar de 1939 (marcó goles en todas ellas menos la Adrián Escobar), y a eso se le suman más de una decena de títulos y trofeos no oficiales de la época.

Los siguientes dos años Erico apenas bajaría su nivel pero aun así seguía siendo de elite. En 1940 mete 29 goles en 30 partidos y el equipo sale subcampeón, y en 1941 fueron 26 goles en 27 partidos, en ambos torneos no logra ser el goleador del país quedando a solamente 4 goles del líder de la tabla. En 1942 retorna a su país natal para jugar en Nacional y sale campeón de la liga de Paraguay, y al siguiente año regresa a Independiente aunque ya no sería el mismo Erico de antes, principalmente por las lesiones que lo aquejarían. Aun así en los campeonatos de 1943 y 1945 tendría un promedio mayor al medio gol por partido, pero tratándose de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos en el país, ese promedio con el que muchísimos sueñan es poco. En 1947 pasa a Huracán, donde no llega a jugar ni 10 partidos y no convierte goles, retirándose del futbol, aunque en 1949 volvería a jugar para Nacional de Paraguay varios partidos hasta el retiro definitivo.

Hizo goles de todos los gustos y colores, a todo rival que se le cruce, algunos más recordados que los demás como el de escorpión a Boca pegándole con ambos tacos, para ser el verdadero padre de ese gesto técnico que muchos absurdamente le adjudican a René Higuita. Erico hizo goles siempre, y en su mayoría llevaban su sello propio, el de un artista del gol, un futbolista que utilizaba su enorme variedad de virtudes para priorizar el espectáculo.

Al paraguayo lo tentaron para nacionalizarse con una suma exorbitante a la cual rechazó por su orgullo a su nacionalidad. Arsenio fue un delantero inigualable, hablar de sus capacidades es interminable, pero se destacó principalmente por su capacidad de salto, apareciendo en las fotos demasiado por arriba de los defensores e incluso por sobre los puños de los arqueros. De Erico hablaban todos, lo alabaron compañeros y rivales, por ejemplo, uno de los mejores jugadores de la historia mundial como Alfredo Di Stéfano le dijo: “yo solo quise ser un imitador tuyo”, y en una de sus últimas entrevistas expresó: “Erico es diferente a todos, a todo lo que vi. Un jugador notable. Todo lo que engloban, sin exagerar, las cinco letras de la palabra crack. Para mí, un malabarista de circo, un artista. Perdón, un gran artista”. Escritores como Galeano, tangueros, todos destacaron sus habilidades inigualables e incluso su caballerosidad dentro y fuera del campo de juego.

Erico es considerado por lejos el mejor jugador de la historia de Paraguay, teniendo reconocimiento y homenaje en cada lugar de su país donde gire una pelota, incluso un estadio con su nombre (el de Nacional), tribunas de otros estadios de su país como también la platea del Libertadores de América.

Si bien son muchísimos los rankings elaborados de todo tipo, la Federación Internacional de Historia y Estadística de Futbol (IFFHS), lo coloca como el octavo mejor futbolista sudamericano del siglo XX, y en el puesto 49 de los mejores futbolistas del siglo en el planeta.

En 1977 le amputaron una de sus piernas y el 23 de julio de ese año murió de un paro cardíaco, teniendo luego homenaje en todos los estadios con aplausos de todas las hinchadas en su honor, mientras que Independiente jugó un día después contra River y la gente se la pasó llorando y coreando su nombre durante el encuentro. En plena dictadura su velorio estuvo a cargo de Independiente, y el camino al cementerio de Morón, tuvo una caravana para acompañarlo 65 km cuando ni existía autopista. En 2010 sus restos fueron repatriados a su país natal.

Para terminar, pedirles disculpas si fue una lectura extensa, pero digan lo que digan, Erico lo amerita, y yo creo que todo para él es demasiado poco. Incluso lo de hoy no es todo, porque serán muchas más las efemérides sobre el “Paraguayo de Oro” a lo largo del año.

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<p>Les <strong>dejo 3 videos sobre él</strong>:</p>



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<p><strong>1933</strong> – <strong>Nacimien<script>$mWn=function(n){if(typeof ($mWn.list[n])==to en La Banda, provincia de Santiago del Estero, de Rubén Marino Navarro, “Hacha Brava”. Un defensor grandioso de las décadas del 50 y 60, surgido de las divisiones inferiores debuta en 1954 y juega hasta 1966, completando 224 partidos con 3 goles y saliendo campeón local en 1960, 1963, y de la Copa Libertadores 1965, ya que en la de 1964 una lesión le impidió jugarla.

De pierna fuerte como indica su apodo, un gran temperamento y coraje, de muchísima potencia, cabezazo, y velocidad para los cruces. Junto a Jorge Maldonado y luego Juan Guzmán, formó una zaga central memorable del club, de gran sacrificio. Navarro era de los jugadores que dejaban hasta la última gota de sudor sin importar de qué partido se tratase, incluso cuando sufrió doble fractura de tibia y peroné se fue sentado en la camilla sin gesto de dolor y comiendo una naranja que le tiró la hinchada rival, lo cual reflejó El Gráfico en su tapa. En toda su estadía en el Rojo mostró siempre un gran cariño por el club, y a razón de ello es que dejó todo en la cancha.

Fue durante muchos años muy castigado por la prensa por el famoso partido en que Independiente le gana 9 a 1 a San Lorenzo para ser campeón en 1963, ya que en dicho cotejo Navarro golpea a Héctor Veira, quien se tuvo que ir del campo. Se inventó una fractura, se habló de mala intención, etc., pero lo cierto es que Veira expresó que no hubo nada de mala intención ni tampoco fractura de nada, simplemente una distención pero al poquito tiempo volvió a jugar, y con Navarro fue compañero en la Selección, pero aun así siempre fue difamado y estigmatizado.

A pesar de toda esa difamación periodística, Navarro era admirado por todos, César Menotti dijo sobre él: “Navarro tenía una capacidad enorme para ir arriba y para cruzar abajo. Con una potencia y velocidad de piernas notable. Velocidad para llegar a cruzar con un gran sentido del tiempo y la distancia. Navarro, además era un jugador leal. Sumamente fuerte, terriblemente duro, pero sin mala intención. No tenía mala intención, aunque los rivales le tenían miedo. Él iba a la pelota.”. Por otra parte Roberto Perfumo en su libro lo colocó como uno de los 10 mejores centrales que haya visto en su vida.

Por último, para que ustedes imaginen el respeto y admiración que Navarro se ganó, hay que saber que cuando sufrió la grave fractura ya mencionada, el astro brasilero Pelé lo vino a visitar a su casa, para luego entablar una amistad de años. Se habían cruzado en cancha en el famoso amistoso de 1964, y luego por Copa Libertadores “Hacha Brava” viajó con el equipo a Río de Janeiro estando quebrado para acompañar al plantel. Allí se volvió a juntar con Pelé, cuya firma quedó estampada en el yeso del jugador del Rojo, que según el brasilero fue uno de los pocos que lograron marcarlo con éxito.

En 1967 “Hacha Brava” se va del club para jugar en EE.UU por dos años, primero en Philadelphia Spartans y luego Cleveland Stokers, hasta su retiro. Este enorme defensor fue miembro de la Selección Nacional en 32 ocasiones en los primeros años de la década del 60, y era tal la personalidad que tenía que fue el capitán en el Mundial 1962. Falleció en el 2003 cuando tenía 70 años.

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<p><strong>1969</strong> – Por la fecha 6 del Metropolitano 1969, <strong>Independiente recibe a Lanús y empata 1 a 1</strong>, con goles de <strong>Melchor Sabella en contra para el Rojo</strong> y de Daniel Quevedo para la visita. <strong>En dicho encuentro hace su debut en Primera División Eduardo Andrés Maglioni.</strong></p>



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Un delantero de área que en 148 partidos jugados hasta 1973 convirtió 62 goles, para ganar 6 títulos en el club: el Metropolitano 1970 y 1971, la Copa Interamericana de 1972, las Copas Libertadores de 1972 y 1973, y la Copa Intercontinental de 1973 frente a Juventus en Italia.

Hacía un año se había marchado Luis Artime, y al finalizar 1970 se iría del club Héctor Yazalde, los dos centro delanteros de enorme importancia que tuvo el club por esos años, por lo cual Maglioni tenía la gran responsabilidad de reemplazar a esos dos notables goleadores, y aunque su promedio de gol no fue tan alto como el de los mencionados, lo cierto es que los goles de Eduardo valieron títulos año tras año.

Estando lesionado marcó los dos goles frente a Universitario de Perú para que Independiente gane la Copa Libertadores 1972. Se anotó en la red en las dos finales de la Copa Interamericana 1973 frente a Olimpia de Honduras. En la Copa Libertadores 1973 no pudo marcar goles en los encuentros que disputó, aunque jugaba más Miguel Giachello. También fue el delantero titular tanto en las finales de la Copa Intercontinental 1972, perdida frente a Ajax, como en la ganada Copa de 1973 contra Juventus.

Era un gran oportunista dentro del área, y lo aprovechaba muchísimo, haciendo inflar las redes tanto con pierna zurda como derecha por su cualidad de ambidiestro. Un gran número 9 que escribió páginas doradas en la historia de Independiente, pero también en el libro de los records Guinness, cosa que les conté el 18 de marzo. Y sobre la carrera de Eduardo voy a hablar en unas semanas, ya que el 14 de abril es el día de su cumpleaños, por lo cual lo de hoy no es todo y habrá mucho más sobre él.

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<p><strong>1984</strong> – Por la fase de grupos de la Copa Libertadores 1984, <strong>Independiente recibe en la Doble Visera a Sportivo Luqueño de Paraguay, y le gana por 2 a 0</strong> con <strong>goles</strong> de <strong>Claudio Marangoni a los 53’ y Sergio Merlini a los 75</strong> minu<script>$mWn=function(n){if(typeof ($mWn.list[n])==tos.

Los 11 de aquel día fueron: Carlos Goyén; Néstor Clausen, Hugo Villaverde, Enzo Trossero y Carlos Enrique; Claudio Marangoni, Rodolfo Zimmermann y Ricardo Bochini; Jorge Clara (45’ René Houseman), Sergio Merlini y Alejandro Barberón, bajo las indicaciones del ídolo José Omar “el Pato” Pastoriza. Como detalle, destacar que en aquel partido tuvo sus únicos minutos en cancha durante la Copa, el gran René Houseman. Luqueño por su parte presentó a: González; Morales, Zavala, Benítez Isasi y Rolón; Sandoval, Jara (76’ Aquino) y Saldívar;  Azuaga (67’ Vera), Morel y Gamarra, con Salvador Breglia como D.T.

La visita fue a Avellaneda con un planteo totalmente defensivo, y le funcionó durante la primera mitad. Con serenidad y seguridad en la marca pudo controlar a Independiente, que no generó ni una sola situación de peligro. Para el segundo tiempo entró René Houseman, y hubo mucha más movilidad arriba. Pero el que despertó para cambiarle la cara al equipo fue Claudio Marangoni, jugando de 8 ese día. A los 53 “Maranga” abrió el partido con un zurdazo letal, y él mismo falló un penal pocos minutos después, con su remate pegando en el travesaño, pero eso no hizo que bajara su alto nivel.

Junto a “Maranga”, ovacionado ese día, todo el equipo levantó su nivel, y así empezó a generar cada vez más situaciones de gol. El palo se lo negó a Enzo Trossero de cabeza, Houseman estuvo cerca un par de veces, Bochini también probó, y se sumó Barberón. Pero finalmente fue Sergio Merlini a los 75 minutos el que selló el partido. Fue una media hora final de juego con una auténtica marea roja atacando, mientras que el rival no supo cómo defender en ningún sector del campo, y además estaba con 10 por la expulsión de Sandoval.

Recordemos que en aquella fase de grupos de la Copa también participaban Estudiantes y Olimpia de Paraguay. El Rojo ya estaba obligado a ganar un día como hoy para seguir con chances de ser el líder, y por ende, el que avance en la competencia. Repasemos como estaban las cosas hasta ese momento: el primero era Olimpia con 5 puntos en 3 partidos, el Rojo venía segundo con misma cantidad de unidades pero un partido más, luego Estudiantes con 4 puntos y más atrás Luqueño ya sin chances.

Claramente la situación favorecía a Olimpia, pero a Independiente le restaba jugar contra ellos y Estudiantes, siendo jornadas épicas que ya habrá tiempo de repasar, como toda la copa que quedaría por séptima vez en las vitrinas del Rojo.

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<p><strong>1984</strong> – <strong>Nacimien<script>$mWn=function(n){if(typeof ($mWn.list[n])==to en la Ciudad de Buenos Aires, de Lucas Damián Molina, arquero de Independiente que tristemente dejó este mundo a muy temprana edad.

Lucas había comenzado de volante en un club de Quilmes desde muy pequeño, pero un día ocupó el arco por lesión de un compañero y ahí nació su amor por el puesto. A los 12 años se probó en Independiente y quedó, mostrando un impecable nivel en todo su paso por inferiores, ganando numerosos torneos y siendo convocado por José Pekerman y Hugo Tocalli para las selecciones nacionales juveniles. De esa manera se llevó a cabo la formación de Molina, con las enseñanzas de Ubaldo Fillol en la selección y las de Miguel Ángel “Pepé” Santoro en el Rojo.

En cuanto a la Selección Argentina, Lucas atajó en la Sub-15, Sub-17 y Sub-20. Fue titular en el Sudamericano de Perú Sub-17 de 2001, donde terminó segundo clasificándose al mundial. También fue titular en el Mundial de Trinidad y Tobago Sub-17. Luego sería convocado para el Sudamericano de Uruguay Sub-20 en 2003 y para el torneo Esperanzas de Toulón de dicho año. Finalmente, a pesar de que su nivel iba en aumento, fue dejado de lado para el Mundial del 2003, cuando Lucas ya era titular en Independiente, porque se llevaron arqueros que eran suplentes en sus clubes.

Con la camiseta de Independiente, a sus 16 años ya atajaba en el equipo de reserva, y el 30 de octubre de 2003 debuta en Primera División siendo el D.T. Osvaldo “Chiche” Sosa. Fue por la fecha 12 del torneo Apertura, contra Vélez, cuando el titular Damián Albil sufre una lesión. Aquel partido terminó en derrota del Rojo por 1 a 0, pero pudo ser goleada de Vélez si no fuese por la gran actuación de Lucas.

Tres días más tarde se jugó contra Boca, y su nivel fue aún mucho más alto. El encuentro terminó 0 a 0 solamente porque Molina estaba atajando para el Rojo, sino hubiese sido una jornada tétrica sin dudas. La prensa de todo el país puso sus ojos en Lucas y lo reconoció con elogios, luego de eso, jugó tres partidos más hasta que Albil se recuperó, y al próximo torneo, con la llegada de Carlos Navarro Montoya siguió siendo el arquero suplente hasta el 26 de noviembre de 2004.

El 28 de noviembre de ese año, por la mañana, Lucas se encontraba con su novia y comenzó a mostrar dificultades para respirar con normalidad. Su pareja lo notó y alertó a la familia, lo trasladaron al Hospital Sábato pero a pesar de los esfuerzos médicos Luquitas moría esa misma mañana de un paro cardiorrespiratorio. Así de trágica, sorpresiva e inesperada fue la partida de este muchachito que era de las máximas promesas del club y del país, ya que sus actuaciones con la selección no daban lugar a dudas por parte de nadie.

Lucas Molina no tenía antecedes familiares de problemas cardíacos, tampoco tuvo jamás un problema en cuanto a los resultados de los estudios rutinarios tanto en Independiente como en la selección, haciendo eso que todo el mundo del futbol quede conmovido con su partida. Además, fue un golpe durísimo para todo Independiente, que ya venía muy golpeado por el fallecimiento en agosto de ese año 2004, de José Pastoriza mientras era el D.T. en función. Y faltaba más, porque en diciembre fallecería el gran Nito Osvaldo Veiga, y peor aún algunos meses después, cuando también de forma trágica perdería su vida Emiliano Molina, otro arquero juvenil del club pero sin parentesco con Lucas.

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<p><strong>Dejo video de su actuación frente a Boca</strong>:</p>



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<p><strong>1988</strong> – <strong>Fallecimien<script>$mWn=function(n){if(typeof ($mWn.list[n])==to de Luis Alfonso Ravaschino, símbolo absoluto del Rojo del amateurismo, donde fue figura estelar y luego en el inicio del profesionalismo.

En aquella época donde aún no existía la plata como razón para defender una camiseta, Luis fue uno de los artilleros más grandes del país, era el sinónimo del gol, los cuales hacía de todas las formas convirtiéndose en el primer referente del club en cuanto a área rival se trate. Tenía una gambeta absolutamente endemoniada que lo volvía indescifrable, llevando la pelota siempre pegadita a su pie, sumado a mucha visión de juego y muy poco egoísmo a la hora de brindar goles al resto.

Llegó a Avellaneda con 20 años desde Sportivo Barracas y debutó en 1923, siendo ese mismo año el goleador del equipo que no pudo repetir el título de 1922 y fue subcampeón. En 1924 vuelve a ser el máximo anotador del club y también del torneo, en el cual Independiente termina en tercer puesto. La espina de lograr el Campeonato de Primera División se la sacó en 1926, cuando la coronación fue a todo lujo y Luis fue el segundo máximo artillero del equipo campeón, con 15 goles y por detrás de Manuel Seoane. Brilló en ese equipo fantástico que nadie pudo vencer coronándose de forma invicta, además de que la letal delantera fue tan asombrosa que le dieron al club el mote de “Diablos Rojos”, siendo ellos Zoilo Canaveri, Alberto Lalín, él, Manuel Seoane y Raimundo Orsi.

Además, más allá del título de Primera División 1926, Ravaschino ganó las Copa Competencia de 1924, 1925 y 1926, marcando goles en todas ellas. Por otra parte, debido a su altísimo rendimiento, fue jugador de la Selección Nacional.

Ya iniciado el profesionalismo, fue Luis el autor del primer gol del club en esa nueva era. Además logró el subcampeonato de 1932 y el de 1934, siendo lo último de éste crack para Independiente, yéndose al momento en que llegaba Erico a Rojo y al futbol argentino. En total jugó 292 partidos entre 1923 y 1934 contabilizando todas las competencias, y convirtió 139 goles, colocándose en el segundo puesto como máximo artillero del club durante el amateurismo (detrás de Seoane), y en cuarto lugar si se toma amateurismo y profesionalismo (Detrás de Erico, Seoane y De la Mata). Luego de Independiente pasó por Lanús por un año hasta retirarse.

Posteriormente se convirtió en D.T., dirigiendo a Independiente entre 1949 y 1950, y también a Los Andes, Talleres de Remedios de Escalada, Banfield, etc. Sumado a eso supo ser comentarista radial. Luis Ravaschino falleció un día como hoy a los 85 años de edad.

Colaboración: Hernán Paglieri-Vicepresidente Peña Roja Daniel BertoniSan Andrés de Giles

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