Nunca una pared fue tan bella

AUTOR: GUSTAVO DI BELLA

Por Flavio Verona





Hace unos años nos decía Ricardo Enrique Bochini: “Fuimos a jugar de punto pero terminamos siendo banca. Claro que ese equipo de Independiente tenía una personalidad impresionante. Empezando por la línea de fondo que era una muralla con Commisso, el Zurdo López, Pancho Sa y el Chivo Pavoni, siguiendo por el medio con Perico Raimondo, el Negro Galván, más el Polaco Semenewicz y arriba en cualquier momento nosotros convertíamos. Junto con el plantel del 77 y 78 y el del 84, cuando jugaba Burruchaga que aparecía por todos lados, fueron los tres mejores equipos que integré”.


Hace unos años, en compañía de Bochini, nos decía Ricardo Daniel Bertoni: “Es cierto, nosotros fuimos a Italia de punto. Nadie creía que podíamos ganar. La prensa tampoco. Éramos boleta antes de jugar. La única radio que transmitió el partido fue Rivadavia y de fotógrafo solo viajó para la revista Independiente, Julio López, que por gritar como loco el gol no gatilló cuando el Bocha la pinchó como un maestro por arriba de Zoff, que se tiró abajo a tapar”. 


El Bocha y Bertoni rememoraban en el ya desaparecido Petit Bar de Avenida Mitre y 25 de Mayo, en el centro de Avellaneda, algunos flashes de lo que había ocurrido el miércoles 28 de noviembre de 1973 en el Estadio Olímpico de Roma. Aquel día de hace medio siglo, Independiente dirigido por Roberto Pipo Ferreiro se consagró campeón de la Copa Intercontinental derrotando 1-0 a la Juventus, que accedió al partido decisivo a favor de la negativa del Ajax de Holanda (el campeón de Europa del 72 y 73) a disputar la final, con la condición innegociable de jugar un único encuentro en Italia.     





El gol, a 10 minutos del cierre, no fue de ninguna manera un gol y nada más. Fue una obra de arte que las imágenes recuperadas en julio de 2009 y exhibidas por primera vez en el Teatro Roma de Avellaneda, lo registran. Esa pared, en realidad casi una doble pared entre el Bocha y Daniel fue una remake memorable de lo que también sabían construir Pelé y el Gordo Coutinho en aquel Santos maravilloso de la primera mitad de los 60 cuando iluminaron al mundo del fútbol.


Lo cuenta Bochini: “Cuando todavía no se había podido volver a presentar ninguna imagen televisada del partido, muchos periodistas y gente del ambiente del fútbol me preguntaban si con el paso de los años el gol que hice no se había agrandado demasiado. Siempre estuve convencido que no se infló para nada la jugada. Arrancamos tocando con Daniel a cincuenta metros del arco rival y llegamos tocando hasta el área chica. Fue un golazo antes y se si hace ahora sería más espectacular porque esa clase de jugadas se ven muy poco. O directamente no se ven más”.




Daniel Bertoni y Ricardo Bochini en la actualidad.



Lo cuenta Bertoni: “Yo tuve la suerte de jugar con enormes jugadores. Como Maradona en el Napoli y en la Selección, con el Beto Alonso también en la Selección y con Giancarlo Antognoni en la Fiorentina. Pero no tengo ninguna duda que Bochini fue mi mejor pareja futbolística. Nos entendíamos de memoria desde el primer día que nos encontramos en una cancha cuando practicamos juntos en River para una selección juvenil que conducía Ignomiriello. Ahí empezó todo. Yo estaba en Quilmes. Tiré de arranque paredes con el Bocha. Me la dio, se la devolví, me la volvió a dar y nos dimos cuenta enseguida que los dos juntos podíamos funcionar muy bien. Era todo espontáneo. Y al poquito tiempo me compró Independiente. Y las paredes por supuesto siguieron. Como la que tiramos frente a la Juve”.


Podría suscribir la riquísima historia del fútbol argentino, que nunca una pared fue tan bella. Que nunca una pared fue tan creativa e influyente. Que nunca una pared fue tan celebrada, como la que se evoca a 50 años de su diseño y ejecución en un contexto muy desfavorable. Fue una jugada tan artesanal y tan perfecta que hasta aquellos que nunca la vieron, imaginan que la vieron. O incluso que la protagonizaron. Porque reveló una síntesis urgente del mejor fútbol de todos los tiempos.


En esos segundos tan eternos como efímeros capturados por la inspiración y por la magia del encuentro compartido, Bochini y Bertoni institucionalizaron la postal del gol inolvidable. El gol que no estaba en ningún lado y que apareció como un relámpago para iluminar y definir el alcance de un partido mediocre, en el que la Juve de Dino Zoff, Gentile (aquel defensor que golpeó a Maradona sin pausas en España 82), Morini, Causio, el brasileño Altafini y Bettega; malogró un penal ejecutado por Cuccureddu en los primeros minutos del segundo tiempo, cuando clavó un bombazo un metro y medio arriba del travesaño. Vale acotar que el penal sancionado a raíz de un cruce de Galván fue un invento del árbitro belga Alfred Delcourt.  


Recordaba Bochini: “Los respetamos a los tanos, pero nunca les tuvimos temor. Antes del partido se llegó a decir que por no ser alto ni en apariencia muy potente y no practicar un fútbol físico, no iba a poder competir con los europeos. Pero yo nunca le di bola a esos comentarios. Para mí, el fútbol es tocar, jugar, gambetear. No es pizarrón ni laboratorio. Ni tampoco es ver quien tiene más fuerza”.


Recordaba Bertoni: “Nosotros fuimos a jugarles de igual a igual sin ningún complejo. Por momentos la pasamos mal y nos salvó Pepé Santoro tapando un par de pelotas fundamentales, pero no pensamos solo en aguantar el partido cerca del área. Quizás en algunos pasajes tuvimos algo de suerte. Puede ser. Aunque el golazo extraordinario que hizo el Bocha terminó tapando todo”.


Los festejos muy moderados en relación a lo que sería hoy una consagración de visitante y en el marco de una Copa del Mundo de clubes, los realizó el plantel en la Embajada Argentina en Roma. Un brindis, algunos cánticos y no mucho más. Apenas tres días después, el domingo 2 de diciembre, bajo un cielo despejado y un sol más amigable que el actual, Independiente visitó a Racing por la 13 fecha del Torneo Nacional.


Miguel Angel Santoro asomó desde el vestuario levantando la Copa Intercontinental, el plantel dio la vuelta olímpica en el Cilindro ante la ovación de los hinchas de Independiente y los aplausos de la gente de Racing y un 3-1 (Bertoni, Maglioni y Pancho Sa, fueron los autores de los goles Rojos) mucho más holgado en el desarrollo que en las cifras saludó otra victoria del equipo que con gran respaldo colectivo bancaba el vuelo alineado de dos pibes audaces que eran Bochini y Bertoni.


Pasó hace medio siglo cuando las utopías (que caminaban por afuera del fútbol) eran ajenas y propias. Y parece que fue ayer.  




 

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